Somalilandia: puerta de entrada israelí en el Cuerno de África

Somalilandia: puerta de entrada israelí en el Cuerno de África

Israel ha nombrado a Michael Lotem, que hasta ahora ejercía como embajador económico itinerante para África, como primer embajador no residente ante Somalilandia. Con este movimiento, el país judío empieza a construir un canal diplomático formal con Hargeisa: un interlocutor formal, canales institucionales y una vía para negociar cooperación económica, tecnológica y, eventualmente, de seguridad.

Israel reconoció oficialmente a Somalilandia como Estado independiente y soberano el 26 de diciembre de 2025. Pocos días después, el ministro israelí de Exteriores, Gideon Sa’ar, visitó Hargeisa y defendió una nueva etapa de cooperación. Según el propio Gobierno israelí, las partes acordaron reconocimiento mutuo y establecimiento de relaciones diplomáticas plenas.

Para Hargeisa, el paso permite demostrar que el reconocimiento tiene continuidad. Para Israel, abre una relación directa con un actor situado en el Golfo de Adén, frente a Yemen y cerca del acceso meridional al Mar Rojo. Para Mogadiscio y la Unión Africana, en cambio, el mensaje es distinto: el reconocimiento de Somalilandia erosiona el principio de integridad territorial somalí y puede sentar un precedente incómodo para otros conflictos africanos.

El cálculo egipcio también queda afectado. Una mayor presencia israelí en Somalilandia puede reforzar la posición de Etiopía, su rival en la disputa por el Nilo, y complicar aún más la relación entre Mogadiscio y Addis Abeba. El nombramiento de Lotem, por tanto, no resuelve la disputa sobre Somalilandia. La hace más visible y más difícil de mantener en el terreno de la ambigüedad diplomática.

Somalilandia: un Estado de facto sin reconocimiento amplio

Somalilandia declaró su independencia en 1991, tras el colapso del régimen de Siad Barre y la guerra civil somalí. Durante el régimen de Barre, las poblaciones del norte sufrieron una represión severa, especialmente contra el Movimiento Nacional Somalí y comunidades asociadas a la región. Esos abusos, junto con la percepción de marginación política y económica, alimentaron una demanda independentista que sigue siendo central en la memoria política de Somalilandia.

Desde entonces, el territorio ha construido instituciones propias: gobierno, Parlamento, fuerzas de seguridad, moneda, sistema electoral y administración territorial. A diferencia del centro y sur de Somalia, Somalilandia ha logrado mantener niveles relativamente superiores de estabilidad política y seguridad interna. Esa funcionalidad institucional es uno de los principales argumentos de Hargeisa para reclamar reconocimiento internacional.

El problema es que la comunidad internacional, y en particular la Unión Africana, ha evitado durante décadas abrir una puerta que pueda interpretarse como precedente para otros movimientos secesionistas. Esa cautela, relacionada con el principio de respeto a las fronteras existentes en el momento de la independencia, adoptado por la Organización para la Unidad Africana en El Cairo en 1964, busca evitar reacciones en cadena que cuestionen fronteras existentes y generen nuevos conflictos. La Unión Africana ha reafirmado recientemente que no reconoce a Somalilandia como estado independiente y sostiene que cualquier reconocimiento unilateral sería nulo y podría afectar a la estabilidad regional.

Sin embargo, el caso de Somalilandia tiene una particularidad que sus defensores subrayan con frecuencia: sus fronteras reclaman el antiguo territorio del protectorado británico, que fue independiente durante unos días en 1960 antes de unirse con la Somalia italiana.

Del reconocimiento informal a las alianzas selectivas

El reconocimiento israelí no surge en el vacío. En los últimos años, Somalilandia ha intentado ampliar sus relaciones exteriores mediante vínculos que no siempre equivalen a reconocimiento estatal, pero que aumentan su margen de acción. En 2020, estableció relaciones con Taiwán y abrió oficinas representativas, una decisión que incomodó a Mogadiscio y contradecía la posición del Gobierno Federal de Somalia en favor de la política de "una sola China".

En enero de 2024, firmó un acuerdo con Etiopía para facilitarle acceso al mar a cambio de un posible reconocimiento (en el futuro) de su independencia. Hasta ahora, Addis Abeba no ha reconocido formalmente a Somalilandia, entre otras razones por el coste que tendría en su relación con Somalia y por el riesgo de agravar sus tensiones con Egipto. Desde la perspectiva egipcia, el reconocimiento israelí puede aumentar la presión sobre Etiopía para avanzar en su propia relación con Somalilandia, en un momento de tensión entre El Cairo y Addis Abeba por el Nilo y la presa del Renacimiento.

El hito más importante fue el repentino reconocimiento de independencia por parte de Israel en diciembre de 2025, convirtiéndose en el primer país miembro de la ONU en hacerlo. Los motivos subyacentes de Israel probablemente fueron asegurar una posición estratégica en el Golfo de Adén y contrarrestar la influencia iraní y hutí en la región.

Fuente: Cuenta Oficial del Estado de Israel en español

En Estados Unidos existen voces favorables al reconocimiento, pero no deben confundirse con la posición oficial de Washington. En agosto de 2025, el senador Ted Cruz pidió a la Administración Trump reconocer la soberanía de Somalilandia, presentándolo como una forma de premiar la estabilidad institucional, limitar la influencia china y reforzar la posición estadounidense en el Golfo de Adén. Washington, sin embargo, mantiene intereses de seguridad con Mogadiscio y no ha seguido el paso israelí.

La invitación del presidente somalilandés al Foro Económico Mundial de Davos también encaja en esta estrategia. La presencia en el Foro, aunque no supone ningún tipo de reconocimiento internacional, es un paso más en esa dirección, además de ofrecer acceso a redes de inversión, seguridad y diplomacia informal. Para Hargeisa, el objetivo es acumular interlocución práctica hasta que la falta de reconocimiento formal sea cada vez más difícil de sostener.

Qué gana Israel y qué gana somalilandia

Israel obtiene una relación directa con un territorio situado en una zona sensible para sus intereses marítimos. Somalilandia está en la costa sur del Golfo de Adén, frente a Yemen y cerca de Bab el-Mandeb. Tras los ataques hutíes contra tráfico marítimo y objetivos vinculados a Israel, esa geografía importa. La utilidad inmediata no pasa necesariamente por una base militar, sino por presencia diplomática, contactos políticos, información de terreno y posibles acuerdos técnicos.

La agenda económica también es relevante. El presidente de Somalilandia ha ofrecido a Israel oportunidades en minería, petróleo, gas, pesca, agricultura y energía, y ha señalado que Hargeisa busca acceso a tecnología israelí. En el mismo contexto, Somalilandia ha intentado presentar el puerto de Berbera y sus recursos naturales como activos para socios externos.

Somalilandia gana legitimidad y capacidad de negociación. El reconocimiento israelí rompe un tabú diplomático mantenido desde 1991 y le permite argumentar que su relación con el exterior ya no se limita a oficinas informales o contactos no oficiales. El nombramiento de Lotem refuerza precisamente ese punto: Israel no solo reconoció a Somalilandia, sino que está dando pasos para operar con ella como interlocutor separado de Somalia.

Respuesta y seguridad regional

Para Mogadiscio, el reconocimiento de Somalilandia vulnera su soberanía e integridad territorial y debilita la narrativa de unidad nacional del Estado somalí. También puede tensar la relación entre el Gobierno federal y algunos estados miembros, que podrían interpretar el avance de Hargeisa como una señal de que las alianzas externas aumentan su margen de autonomía. Además, agrava las disputas sobre Sool y Sanaag, regiones disputadas entre Somalilandia, Puntlandia y actores locales.

Y constituye una distracción en la lucha contra Al-Shabaab, ya que el gobierno federal debe desviar recursos hacia el enfrentamiento diplomático (y potencialmente militar) con Somalilandia.

Somalilandia ha contenido mejor a Al-Shabaab que otras zonas de Somalia. El grupo no ha logrado establecer una presencia duradera en Somalilandia, en parte por la combinación de gobernanza local, inteligencia humana y cooperación comunitaria.

Sin embargo, esa ventaja no debe exagerarse. Las zonas fronterizas con Puntlandia, las áreas montañosas de Cal Madow y las regiones disputadas de Sool y Sanaag siguen siendo vulnerables. El reconocimiento israelí puede tener efectos ambiguos. Por un lado, una Somalilandia con más socios, recursos y capacidad técnica podría convertirse en un actor más eficaz contra redes yihadistas y amenazas marítimas. Por otro, la asociación con Israel puede ser utilizada por Al-Shabaab como herramienta propagandística, presentando a Hargeisa como un instrumento de actores externos contra la unidad somalí y contra el mundo musulmán.

El riesgo más probable no es una expansión inmediata de Al-Shabaab sobre Somalilandia, sino una mayor explotación de fracturas políticas: entre Mogadiscio y Hargeisa, entre Somalia y Etiopía, entre clanes en territorios disputados y entre coaliciones externas que compiten por influencia. Al-Shabaab puede instrumentalizar el reconocimiento israelí como propaganda. Tras el anuncio, el grupo amenazó con combatir cualquier presencia israelí en Somalilandia, lo que sugiere que intentará presentar la relación entre Hargeisa e Israel como una partición de Somalia impulsada desde el exterior.

Un entorno regional más tenso

Algunos sostienen que las repercusiones geopolíticas del impulso independentista de Somalilandia tienen el potencial de desestabilizar aún más el ya volátil Cuerno de África. La Unión Africana ya ha advertido que un reconocimiento futuro podría inspirar a insurgencias dentro de los Estados a intensificar sus esfuerzos por lograr la independencia. En particular, esto podría convertirse en un problema en Etiopía, en relación con grupos militantes en Oromía y Amhara.

El movimiento israelí llega en un momento de creciente tensión en el Cuerno de África. La disputa entre Somalia y Etiopía por el acuerdo de acceso marítimo con Somalilandia ya había elevado la temperatura regional. Turquía medió entre Mogadiscio y Addis Abeba en la llamada Declaración de Ankara, en la que ambas partes reafirmaron su respeto a la soberanía e integridad territorial y aceptaron continuar conversaciones técnicas sobre el acceso etíope al mar bajo autoridad soberana somalí.

El problema es que las tensiones no se limitan a Somalia y Somalilandia. Egipto ha aumentado su implicación en Somalia en el marco de su rivalidad con Etiopía por el Nilo y la Gran Presa del Renacimiento. Turquía es un socio clave de Mogadiscio y mantiene una presencia militar significativa en el país. Ambos países acaban de aumentar el apoyo militar a Somalia: Egipto desplegando 1.100 soldados en el marco de la Misión de Apoyo y Estabilización de la Unión Africana en el país (AUSSOM), y Turquía ha ampliado las unidades aéreas y terrestres que ayudan al gobierno somalí a luchar contra Al-Shabaab. Emiratos Árabes Unidos tiene intereses en la ciudad costera de Berbera y en la arquitectura logística del Mar Rojo. Arabia Saudí, Qatar, Irán y los hutíes condicionan, cada uno a su manera, el entorno estratégico del Mar Rojo.

En conjunto, la región muestra alineamientos cada vez más visibles. Somalia busca apoyo diplomático y militar en Turquía, Egipto y otros socios regionales; Etiopía mantiene su interés en obtener acceso al mar a través de Somalilandia; Emiratos conserva intereses logísticos en Berbera; e Israel ha abierto una vía directa con Hargeisa. Aunque todavía no se trata de bloques cerrados, empieza a dibujarse una división entre, por un lado, Somalia, Yibuti y Eritrea, con respaldo de Arabia Saudita, Egipto, Turquía y Catar, y, por otro, Somalilandia y Etiopía, con apoyo de Emiratos Árabes Unidos e Israel.

En el corto plazo, el escenario más probable no es una cadena rápida de reconocimientos ni una guerra abierta entre Somalia y Somalilandia. Lo más plausible es un statu quo más volátil: Hargeisa ganando alianzas selectivas, Mogadiscio denunciando la erosión de su soberanía, la Unión Africana defendiendo el principio de integridad territorial y actores externos compitiendo por acceso, influencia y posición en torno al Golfo de Adén.

La cuestión somalilandesa ya no puede leerse solo como un conflicto entre Hargeisa y Mogadiscio: ha pasado a formar parte de las tensiones que rodean el Golfo de Adén, el Mar Rojo y la competencia regional en el Cuerno de África.

¿Qué observar en los próximos meses?

Hay cinco indicadores clave:

  • La respuesta de Mogadiscio. Somalia puede intensificar su campaña diplomática en la Unión Africana, la Liga Árabe, la Organización de Cooperación Islámica y Naciones Unidas. También puede buscar mayor apoyo de Turquía, Egipto y otros socios para frenar la normalización internacional de Somalilandia.
  • Los pasos de Israel. La apertura de una misión diplomática, la frecuencia de visitas oficiales, la firma de acuerdos sectoriales y la posible cooperación en seguridad marítima serán más relevantes que nuevas declaraciones políticas.
  • La posición de Etiopía. Addis Abeba sigue siendo el actor con mayor incentivo para reconocer Somalilandia por su necesidad de acceso al mar. Pero ese paso agravaría su relación con Somalia, tensaría el equilibrio con Egipto y podría tener costes internos.
  • La evolución de Sool y Sanaag. Estas regiones disputadas pueden convertirse en el punto de fricción más peligroso entre Somalilandia, Somalia, Puntlandia y actores locales. Cualquier militarización de la zona aumentaría el riesgo de escalada.
  • La reacción de Al-Shabaab. El grupo puede usar el reconocimiento israelí para reforzar su narrativa de partición de Somalia impulsada por actores externos. La cuestión será si esa propaganda se traduce en operaciones contra intereses somalilandeses o israelíes.

El nombramiento de Michael Lotem no zanja la disputa sobre Somalilandia, pero sí cambia su tratamiento diplomático. Israel ha empezado a actuar de acuerdo con su reconocimiento y Hargeisa puede presentar ese paso como una relación bilateral en desarrollo. Para Somalia y la Unión Africana, el problema es precisamente ese: que el reconocimiento deje de ser un gesto aislado y se convierta en práctica diplomática regular.

Nota: Este artículo es resultado del trabajo realizado por William Felix Persson, estudiante en prácticas del Máster en International Security Management de la Universidad Pontificia Comillas, que ha realizado sus prácticas curriculares en ERIS.


Fuentes consultadas

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