El enemigo de mi enemigo: la relación entre Ansar Allah y Al-Shabaab

El enemigo de mi enemigo: la relación entre Ansar Allah y Al-Shabaab

En las cambiantes arenas del mar Rojo, el golfo de Adén y el Cuerno de África, los hutíes de Yemen y Al-Shabaab en Somalia han comenzado a construir una relación pragmática que ya no puede descartarse como rumor. La evidencia pública disponible apunta a una cooperación transaccional: armas, entrenamiento y conocimiento técnico a cambio de acceso a redes marítimas, rutas de contrabando y capacidad de disrupción frente a un corredor estratégico global.

Lo que comenzó como intercambios discretos ha evolucionado hacia una convergencia nacida de una oportunidad mutua en un panorama geopolítico cada vez más fragmentado.

En este artículo analizamos quiénes son estos dos actores, qué evidencia existe sobre sus vínculos, qué beneficios obtiene cada parte y por qué esta cooperación puede convertirse en un nuevo factor de riesgo para Somalia, Yemen y el corredor mar Rojo–golfo de Adén.

¿Quién es quién?

Los hutíes, conocidos formalmente como Ansar Allah, son un movimiento político-militar zaydí yemení surgido en el norte del país. Surgieron en la década de 1990 como un movimiento de renovación religiosa y política, que posteriormente se militarizaron en sucesivas guerras contra el Estado yemení. Tras la Primavera Árabe y el colapso del proceso de transición, el grupo tomó Saná en 2014 y se convirtió en el actor dominante del noroeste de Yemen, desencadenando una guerra regionalizada contra el gobierno internacionalmente reconocido y la coalición liderada por Arabia Saudí.

Aunque en 2022 alcanzaron una tregua informal con la coalición liderada por Arabia Saudí, los hutíes siguen militarmente activos en la región. Desde noviembre de 2023, los hutíes han convertido el mar Rojo y el golfo de Adén en un teatro central de presión estratégica. Aunque han presentado sus ataques como una respuesta a la guerra de Gaza y como apoyo a Palestina, afectaron de forma amplia a buques comerciales y militares, incluidas embarcaciones sin conexiones con Israel.

En la actualidad controlan gran parte del noroeste de Yemen.

En el mapa, las zonas controladas por los hutíes están marcadas en color verde. Fuente: Wikimedia Commons

Su evolución militar ha estado marcada por el apoyo de Irán, Hezbolá y redes asociadas al eje iraní, gracias al cual se han convertido en una organización militar con misiles, drones y capacidad de disrupción marítima. Recientemente, los hutíes han actuado en apoyo de Irán tras la escalada militar entre Estados Unidos, Israel y la República Islámica. Aunque no han declarado una entrada plena en la guerra, sí han lanzado ataques contra Israel y responsables hutíes han situado el mar Rojo, el golfo de Adén y Bab el-Mandeb entre sus posibles frentes de presión si la confrontación se amplía.

En su estado actual, los hutíes son una fuerza cohesionada, bien armada, bien organizada y bien equipada. Son un actor a tener muy en cuenta y su lema oficial ilustra su determinación: «Dios es grande, muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, maldición a los judíos, victoria para el Islam».

Imagen del lema de los hutíes. Fuente: Wikimedia Commons

Desplazándonos hacia el sur, a través del golfo de Adén, encontramos a Harakat al-Shabaab al-Mujahideen, comúnmente conocido como Al-Shabaab. Nació a mediados de los años 2000 como una derivación armada de la Unión de Tribunales Islámicos, que había tomado el control de Mogadiscio y amplias zonas del sur de Somalia en 2006 antes de ser derrotada por la intervención etíope. Tras la caída de la ICU, se consolidó como la principal insurgencia yihadista del país. En febrero de 2012, formalizó su adhesión a Al-Qaeda, cuando Ahmed Abdi Godane juró lealtad a Ayman al-Zawahiri y este aceptó la integración del grupo en la red global.

Este grupo insurgente musulmán suní opera principalmente en Somalia y busca derrocar al gobierno federal, imponer un régimen salafista y expulsar las influencias extranjeras del país.

Hoy, Al-Shabaab mantiene una combinación de control territorial, gobernanza paralela sobre gran parte del sur y el centro de Somalia, con capacidad para presionar los accesos a Mogadiscio y operar en su periferia, además de aparato fiscal coercitivo, inteligencia interna y capacidad de ataque en Somalia y países vecinos.

Su fortaleza no reside tanto en una superioridad tecnológica comparable a la hutí, sino en su resiliencia organizativa, su capacidad de infiltración, su control de rutas y su habilidad para financiarse mediante extorsión, impuestos informales, checkpoints, comercio y coerción sobre empresas y comunidades locales.

Elemento Hutíes / Ansar Allah Al-Shabaab
Combatientes estimados 350.000 miembros estimados (UN). Hasta 12.000 miembros estimados (DNI, US Gov).
Apoyos / afiliaciones externas Apoyo de Irán y sus redes asociadas; vínculos crecientes con Rusia. Afiliación formal a Al-Qaeda.
Táctica predominante Guerra híbrida: control territorial, guerra convencional, misiles y drones, coerción marítima y movilización popular. Insurgencia yihadista, guerra asimétrica, atentados complejos, control territorial y gobernanza paralela.
Ideología Movimiento político-militar zaydí/chií, con narrativa revolucionaria antiestadounidense, antiisraelí y antisistema regional. Grupo yihadista salafista, afiliado a Al-Qaeda, opuesto al Gobierno Federal somalí y a la influencia extranjera.
Objetivos Consolidar el control sobre Yemen; expulsar la influencia saudí-occidental; proyectarse como actor regional contra Estados Unidos e Israel. Derrocar o subordinar al Gobierno Federal; controlar Somalia; imponer su interpretación de la sharía.
Enemigos Gobierno internacionalmente reconocido de Yemen, coalición saudí/emiratí, Estados Unidos, Reino Unido e Israel. Gobierno Federal de Somalia, estados federados rivales, AUSSOM/Unión Africana, Estados Unidos, Etiopía y Kenia.
Financiación / logística Control territorial, puertos y aduanas, redes de contrabando, coerción económica, apoyo externo y rutas marítimas ilícitas. Zakat coercitivo, checkpoints, extorsión, impuestos al comercio, agricultura, ganado, importaciones y negocios locales.
Jerarquía / estructura Mando centralizado con redes territoriales, estructuras de movilización y control social. Estructura centralizada con órganos internos, aparato fiscal, inteligencia, justicia paralela y administración territorial.

Fuente: Elaboración propia a partir de las fuentes consultadas.

Una convergencia transaccional

La relación entre los hutíes y Al-Shabaab no debe entenderse como una alianza ideológica ni como una integración orgánica entre dos movimientos insurgentes, sino más bien como una cooperación pragmática basada en necesidades complementarias.

Los hutíes buscan ampliar sus rutas de suministro, diversificar accesos hacia el mar Arábigo y el Índico occidental, y aumentar la presión sobre el tráfico marítimo. Al-Shabaab, por su parte, busca armas más sofisticadas, entrenamiento técnico y capacidades que puedan mejorar su posición frente al Gobierno Federal de Somalia y la misión africana.

Naciones Unidas ya había documentado reuniones en Somalia entre representantes hutíes y Al-Shabaab en julio y septiembre de 2024, centradas en transferencias de material, entrenamiento y posibles actividades de piratería. El informe posterior del Panel de Expertos sobre Yemen, publicado en octubre de 2025, refuerza esa línea y afirma que la cooperación se ha intensificado, incluyendo contrabando de armas, formación técnica, tácticas operativas e intercambio de apoyo logístico.

Uno de los elementos más relevantes es el caso de un nacional somalí afiliado a Al-Shabaab que habría actuado como enlace entre ambos grupos. La ONU ha recogido que este individuo identificó a dos ingenieros militares hutíes que habrían viajado a Jilib, Somalia, para entrenar a miembros de Al-Shabaab en fabricación de artefactos explosivos improvisados (IED), adaptación de drones y mantenimiento de armas. También habría facilitado el viaje de casi 400 somalíes a zonas bajo control hutí para recibir formación militar e ideológica.

Ese vínculo entre ambos grupos se apoya en una infraestructura previa. Desde hace años, las redes de tráfico entre Yemen y Somalia han movido armas, dinero y mercancías ilícitas a través de dhows, rutas costeras, intermediarios financieros y coberturas como la pesca ilegal. Las sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos contra operativos hutíes implicados en actividades de contrabando a través de Somalia muestran que este corredor ya funcionaba antes de que la relación con Al-Shabaab adquiriera mayor visibilidad.

Las autoridades somalíes han interceprtado dhows (pequeños barcos de vela de madera) con cargamentos de explosivos y drones en ruta desde Yemen hacia Somalia y han detenido a individuos vinculados a redes de tráfico de armas. Aunque hasta ahora la mayor parte del contrabando confiscado ha consistido en armas pequeñas, en el futuro podría incluir drones y armamento pesado. Las costas porosas de Somalia la han convertido en un punto de tránsito vital para entender la dimensión logística de la relación.

Leyenda

Morado: punto citado por la ONU con geolocalización fiable.

Turquesa: punto citado por la ONU con identificación probable.

Azul oscuro: punto citado por la ONU con localización aproximada/no verificada.

Nota metodológica: El mapa muestra localidades costeras de la costa norte somalí citadas por el Panel de Expertos de Naciones Unidas sobre Yemen como puntos asociados a rutas de contrabando marítimo mediante dhows entre Somalia y Yemen. Las coordenadas son aproximadas y han sido georreferenciadas mediante gazetteers abiertos. En los casos de Dardala y Ras al-Mawj, la localización exacta no ha podido verificarse de forma independiente.

Fuente: Elaboración propia a partir del Panel de Expertos de Naciones Unidas sobre Yemen, S/2025/650, párr. 80.

Algunas voces somalíes han ido más lejos. El mayor Abdirahman O. Warsame, excomandante de las Fuerzas Especiales Danab de Somalia, afirmó a mediados de 2025 que los hutíes habrían establecido una presencia física en las montañas de Golis, incluyendo instalaciones vinculadas al desarrollo de misiles y pruebas de lanzamiento. Sin embargo, estas afirmaciones no han sido verificadas por Naciones Unidas ni corroboradas de forma independiente en fuentes abiertas, por lo que deben tratarse como una hipótesis de riesgo, no como un hecho establecido.

En muchos sentidos, hutíes y Al-Shabaab podrían parecer socios improbables. Los primeros proceden de una matriz zaydí y nacional-yemení; el segundo pertenece al salafismo yihadista y a la red de Al-Qaeda. No comparten doctrina, autoridad religiosa ni proyecto político. Sin embargo, la cooperación entre actores armados rara vez exige afinidad ideológica plena. En este caso, la lógica del enemigo común, las rutas compartidas, el acceso a capacidades y la oportunidad operativa parecen pesar más que la coherencia doctrinal.

Impacto regional

La cooperación entre hutíes y Al-Shabaab no transforma automáticamente a ambos grupos en una fuerza coordinada, pero sí puede alterar el cálculo de riesgo en tres espacios conectados: Somalia, Yemen y el corredor marítimo mar Rojo–golfo de Adén–Índico occidental.

Para Somalia, el nexo llega en un momento desfavorable. Las fricciones entre el Gobierno Federal y algunos estados federados han debilitado la coordinación interna, mientras Al-Shabaab ha demostrado capacidad para explotar vacíos de seguridad, presión territorial y divisiones políticas. El acceso a armas, explosivos, drones o conocimiento técnico procedente de redes hutíes no garantiza una victoria insurgente, pero sí podría elevar el coste operacional para Mogadiscio y AUSSOM, dificultar las ofensivas gubernamentales y mejorar la capacidad de Al-Shabaab para sostener ataques complejos. Algunas investigaciones apuntan a que estos suministros habrían sido claves en las exitosas ofensivas de Al-Shabaab en 2025.

En Yemen, el aumento de la cooperación con Al-Shabaab puede fortalecer a los hutíes de dos maneras. Primero, las rutas de contrabando hacia el Cuerno de África representan oportunidades de financiación y acceso logístico. Segundo, Somalia ofrece costa, intermediarios, puertos secundarios y rutas ilícitas que pueden ampliar las opciones de los hutíes en el mar Arábigo y el Índico occidental. Esto no garantiza el paso seguro de suministros, pero sí dificulta las labores de interdicción y permite diversificar rutas en un momento en que los hutíes buscan mantener sus capacidades militares pese a la presión estadounidense, israelí y regional.

Desde el punto de vista regional, esta cooperación puede complicar los cálculos de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Yibuti, Etiopía y Kenia. No implica por sí sola una ruptura de la tregua informal de 2022 en Yemen, pero sí introduce un nuevo vector de riesgo: la posibilidad de que rutas somalíes contribuyan a sostener capacidades hutíes y que, a su vez, Al-Shabaab acceda a entrenamiento o tecnología que hasta ahora había utilizado de forma limitada.

Para el comercio global, el problema no es solo la posibilidad de ataques coordinados, sino la acumulación de riesgos: misiles y drones hutíes desde Yemen, piratería frente a Somalia, tráfico de armas, navegación con AIS apagado, mayores primas de seguro y desvíos alrededor del cabo de Buena Esperanza. El tráfico por Suez cayó un 70% durante la crisis en el Mar Rojo, mientras que el tráfico por la ruta del cabo de Buena Esperanza aumentó más de un 400%.

No se trata de que Al-Shabaab controle la otra orilla de Bab el-Mandeb. Su presencia se concentra en Somalia, más al sureste, en el golfo de Adén y el Índico occidental. El riesgo es que el nexo con los hutíes amplíe el arco de inseguridad desde el mar Rojo hacia el golfo de Adén y la costa somalí, conectando ataques hutíes, piratería, contrabando y redes yihadistas en un mismo espacio marítimo. Al-Shabaab ha atacado en el pasado a países vecinos, incluyendo una ofensiva a gran escala en Etiopía en 2022.

Además, la dimensión de la piratería también es especialmente sensible. La ONU ha documentado que Al-Shabaab habría ofrecido aumentar actividades de piratería a cambio de armas y entrenamiento hutí. Sin embargo, todavía no está demostrado públicamente que cada incidente reciente de piratería responda a órdenes, financiación o coordinación directa con Al-Shabaab o con los hutíes. De hecho, ha habido un aumento de la piratería desde principios de la década de 2020, con 47 incidentes relacionados entre 2023 y mayo de 2025 en el golfo de Adén y el oeste del océano Índico. Sin embargo, esta cifra es relativamente baja en comparación con África occidental. Además, sigue sin estar claro si este incremento está directamente relacionado con la actividad de Al-Shabaab o no.

En términos marítimos, el riesgo principal es la posibilidad de que sus capacidades se vuelvan complementarias. Las redes costeras vinculadas a Al-Shabaab podrían ampliar las opciones logísticas de los hutíes, facilitando movimientos de armas, inteligencia marítima, apoyo a dhows o rutas alternativas de contrabando. Por ahora no existe evidencia pública suficiente para afirmar que Al-Shabaab actúe como plataforma directa de ataques hutíes contra buques internacionales, pero la convergencia entre terrorismo, piratería y contrabando introduce un nuevo nivel de incertidumbre operacional.

Esa incertidumbre tiene costes. Tras los hundimientos del Magic Seas y el Eternity C en julio de 2025, las primas de seguro de guerra para transitar por el mar Rojo más que se duplicaron, pasando aproximadamente del 0,3% al 0,7% del valor del buque. A ello se suman los costes derivados de los desvíos, que pueden añadir entre 10 y 14 días de tránsito y elevar de forma significativa el consumo de combustible en los trayectos entre Asia y Europa.

Además del comercio, existen preocupaciones sobre la vulnerabilidad de los cables submarinos. En marzo de 2024, varios cables en el mar Rojo resultaron dañados, afectando una parte significativa del tráfico de datos entre Asia, Europa y África. Los hutíes negaron su participación y la responsabilidad directa no ha sido establecida de forma concluyente. Aun así, el incidente subrayó la vulnerabilidad de infraestructuras submarinas en un corredor sometido a creciente presión militar y marítima.

A medida que la seguridad marítima se deteriora, la comunidad internacional se verá obligada a invertir más en vigilancia, interdicción marítima, inteligencia costera y desarrollo de capacidades locales. Paralelamente al fortalecimiento naval, las fuerzas internacionales también necesitarán mayor coordinación con actores somalíes, yemeníes y regionales para sostener operaciones antiterroristas y contra redes de contrabando en tierra.

¿Qué observar en los próximos meses?

La relación entre hutíes y Al-Shabaab no debe exagerarse como una alianza consolidada ni minimizarse como una anomalía táctica. Su importancia reside precisamente en su carácter híbrido: conecta insurgencia, crimen organizado, contrabando marítimo, guerra regional y coerción económica. El riesgo no es que ambos grupos se conviertan en una sola organización, sino que aprendan a complementarse lo suficiente como para encarecer, desestabilizar y militarizar aún más uno de los corredores marítimos más sensibles del mundo. Por eso, durante 2026 será clave monitorear seis indicadores.

1. Cambios en el arsenal de Al-Shabaab. La aparición de drones armados, municiones merodeadoras, componentes iraníes, sistemas de guiado o IED más sofisticados sería el indicador más claro de una segunda fase en la cooperación. La hipótesis de misiles de medio alcance debe tratarse, por ahora, como un escenario de baja probabilidad y alto impacto.

2. Incautaciones en rutas Yemen–Somalia. Nuevas interceptaciones de dhows, explosivos, drones, componentes de misiles o material de doble uso en rutas entre Yemen, Puntland, Marka, Baraawe y zonas de influencia de Al-Shabaab indicarían una intensificación del corredor logístico.

3. Evolución de la piratería. El dato relevante no es solo el número de incidentes, sino el patrón: selección de objetivos, coordinación temporal con ataques hutíes, mejor inteligencia marítima, armamento más sofisticado o vínculos con áreas donde Al-Shabaab mantiene influencia.

4. Señales de transferencia táctica. Cambios en el uso de IED, drones, reconocimiento marítimo, ataques complejos o embarcaciones no tripuladas podrían indicar transferencia de conocimiento desde Yemen, incluso sin una entrega masiva de armamento.

5. Papel de AQAP y redes yemeníes. Al-Qaeda en la Península Arábiga podría funcionar como puente entre redes yihadistas, rutas de contrabando y el ecosistema de Al-Shabaab, ampliando la relación más allá del eje bilateral hutí–somalí.

6. Reacción regional. Arabia Saudí, Emiratos, Egipto, Etiopía, Kenia, Yibuti y AUSSOM interpretarán este nexo como un multiplicador de amenaza si aparecen drones armados, ataques marítimos más sofisticados o nuevas incautaciones en rutas Yemen–Somalia.

Nota: Este artículo es resultado del trabajo realizado por William Felix Persson, estudiante en prácticas del Máster en International Security Management de la Universidad Pontificia Comillas, que ha realizado sus prácticas curriculares en ERIS.


Fuentes consultadas

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